viernes, 13 de febrero de 2009

El corazón perdí entre extraños


Y ahora resulta que todo lo que conocía no es verdad. Que he vivido en el más vil y mezquino engaño. Tal vez exagero; pero me encanta exagerar, y echarle limón a las heridas, para que duela y así saber que estoy viva.

Hoy hay sangre derramada en el azulejo. Azulejo rojo con tintes púrpura, lentamente gotean, aún esta fresca la pintura. Eso me pasa por escribir en viernes, en la noche, mucho peor. Odio estos viernes.

Un feroz gato montés desarmado, eso es lo que soy. Indefenso, sin escudo, tembloroso y rencoroso. Eliminar el feroz. Puede ser que yo me merezca el apodo de conejo entonces.

Hoy no soy clara, no pienso bien, pendía de un hilo que por azares del destino fue cortado con una tijerita tan pero tan fina que no me vi caer, hasta que me encontré en el suelo. En el aire pasé de feroz gato montes a triste conejo blanco y derramé sangre en el azulejo.

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